>> Misa solemne, procesión y ofertorio >> Bogajo celebra San Juan con toros, verbenas y un variado programa festivo >> Sergio Encinas, el pregonero que unió Bogajo con el mundo a golpe de ratón Pregón de fiestas, a cargo de Sergio Encinas Pérez (autor de la página web "El portal multimedia de Bogajo"): Buenas tardes familia, amigos y vecinos de Bogajo. Lo primero de todo: ¿cómo están los máquinas? Supongo que dispuestos a pasar unas estupendas fiestas de San Juan, ¿verdad? Pues entonces igual que un servidor.
Pero lo primero, vamos a ser educados, me voy a presentar: algunos me conoceréis, la mayoría supongo. No en vano, llevo pasando mis vacaciones en este maravilloso pueblo desde pequeño. Pero para los que no, voy a contestar a la pregunta que me hacían (bueno, a mí y a todos los veraneantes) cuando los lugareños no nos reconocían al volver al pueblo de año en año: ¿y tú de quién eres? Pues soy Sergio Encinas, el hijo de José Mari, el de Máximo y Luisa (que anda que no sacó filón algún publicista avispado a esa mítica frase, ¿eh? y luego nos salía ya automático sin tener ni que pensárnoslo: ¿y tú de quién eres? Yo de Kas Naranja. ¿Os acordáis?). Aunque como diría Tito: aquí no hay de eso, aquí se vende Fanta. Y en vaso de tubo, no me pidas vaso ancho que no tienes ni puta idea, chaval.
Y eso precisamente es lo que es Bogajo para mí: maravillosos recuerdos y anécdotas del tiempo que he pasado aquí con la familia y los amigos, que se te quedan grabados a fuego en la memoria: empezando por ejemplo por ser bien pequeño y desayunar tocino frito en casa de mis abuelos (algo que a día de hoy todavía es recordarlo y transportarme automáticamente a ese momento: ver a mi abuelo sentado en su sillón marrón delante de la mesa redonda del salón con el mítico mantel del mapa de España y Portugal con las autonomías pintadas cada una de un color, cortando el tocino con un enorme cuchillo portugués sobre un trozo de pan de hogaza. Dios, es que es recordarlo y hasta noto el regustillo del tocino como si lo estuviera comiendo ahora mismo. El mejor desayuno del mundo). Para mí Bogajo es eso, primeramente, recuerdos de una infancia feliz: la emoción de llegar y que mi tío Matías me montara en el tractor, o jugar con el coche de pedales que había en el corral, y que hubiera puesto allí la "piscina" (un cajón metálico enorme de forma rectangular que llenaba de agua y en el que cabíamos todos mis primos. Que te quemabas según te agarrabas al borde porque estaba ardiendo de que le diera el sol, pero te daba igual), o ir todas las mañanas con la lechera a casa me mi tía Águeda a buscar la ración diaria de leche, que estaba cociendo en la cocina de butano (mira, allí la piscina sí era más normal, la mítica azul redonda hinchable, en la que también pasé un montón de tardes bañándome con mis primos Pili y Víctor y con mi hermana, o jugando a papás y a mamás, o a los toros con los cañizos de juguete que les hacía Feli. Y ordeñando las vacas con Juan Matías, o aquel día que en casa del tío Manuel la Paqui nos puso macarrones a todos los pequeños primos Del Arco, o jugar con Francisco y Roberto en el patio de su antigua casa en la Calle Enrollada, o al fútbol en el atrio, las carreras de sacos con cabezudos en San Juan, pasar largos ratos viendo trabajar a Colás mientras mi padre charlaba con él en su carpintería, ir a visitar a la Soco, las matanzas en el corral de mis abuelos, comer sandías amarillas del huerto, ir a comer el hornazo al campo en Semana Santa con la familia, comer de postre los huevos fritos de mi tía Espe, los herraderos... son tantos los recuerdos que me vienen a la cabeza...
No sé si a vosotros os pasa, pero quizá la nostalgia hace que esos momentos de la niñez se hayan idealizado en mi memoria. Por ejemplo, yo cada vez que bebo agua en una botella metálica de éstas que se han puesto tan de moda ahora, me retrotraigo automáticamente al corral de mis abuelos, donde sobre una balda a lo alto había una jarra de chapa que siempre cogíamos para, sujetándola por el asa, llenar en el grifo de la pila para echar un trago fresco. No me digas por qué, pero ahí el agua estaba mucho más rica.
Y según iba creciendo, Bogajo era cada vez más el lugar al que estaba deseando volver año tras año: aunque en verano solo venía 2 semanas (no como tú, Pilili, que tenías la suerte de pasarse aquí de Junio a Septiembre), pero esas 2 semanas me cundían de lo lindo: haciendo casetas con Francisco, Roberto, Marcos, Ángel, Marta... y la Jessi, la perra de mi abuelo que nos acompañaba todo el día de aquí para allá. Un año hicieron cursillos para los críos aquí en las antiguas escuelas, y fue donde hicimos piña ya todos los chavales de mi generación: los que ya he mencionado y Leire, María, Anna, David que en paz descanse, Mónica, Jesús Lorenzo, Ricardo, los andorranos, Rodrigo el valenciano, Rodrigo el de la Eustoquia (y aquí volvemos al socorrido ¿y tú de quién eres?), Vero (y Duque, que qué a gusto se fue al otro barrio empachado de cangrejos), Miriam, Paula, Sonia, Joseba, Maritza, el colchonero... ¡oh, y Stacy! y empezamos a ir a en grupo al bar de Tito o al de Isidro, a la aceña y a las piscinas de Viti o de Villavieja (y para esto último nuestros pobres padres de taxistas: bueno, que mi padre ya lo era y siempre vacilaba poniendo el taxímetro y diciendo que nos iba a cobrar lo que marcara). Pero desde aquí quiero agradecer a Juan, a Alberto, a Paco que Dios le tenga en su gloria y a todos los demás que se molestaron en llevarnos y traernos tantas veces (que fueron muchas) para que pudiéramos pasar allí nuestros buenos ratos.
Para los que veníamos de fuera, y sobre todo de una ciudad como era mi caso, Bogajo era el lugar donde nuestros padres nos daban libertad: de pequeños, como he dicho antes, nos íbamos por los caminos a hacer casetas en cualquier cortina, o a tirarte con unas escobas por la Peña Resbalina, o lo que fuera, pero aparecíamos por casa solo para comer y cenar, y justo justo. También es donde tuvimos nuestras primeras oportunidades de sentirnos "mayores": yendo en bici hasta el picurucho de la Berzosa o hasta Cerralbo (qué mítica la esmaltina roja) o cuando nos dejaban salir por la noche, primero solo por el pueblo: aquellas conversaciones interminables en la mesa de piedra de la terraza de Isidro, o en el atrio de la iglesia (que yo creo que no hay generación de chavales que no haya ido allí), aquellas partidas de futbolín en donde Tito (en las que alguno acababa pasando por debajo), o yendo al caño a ver las estrellas. Y cuando le pedíamos a los anteriores alcaldes que nos dejaran el centro para hacer una fiesta, en la que poníamos música y bebidas e inocentemente esperábamos a que llegara la canción lenta para bailar agarrao.
Y más tarde, ahí ya menos inocentes, también de fiesta a Viti, haciendo que nuestros pobres padres tuvieran que doblar turno como taxistas, y encima a deshoras.
Un año, concretamente el 2002, pasamos de nivel: conseguimos una peña: la Antonia nos prestó una cuadra que tenía al lado de la iglesia, a la que bautizamos como El Portal. La verdad es que era un antro, súper pequeña para toda la cuadrilla que éramos, y encima no estaba en el mejor sitio para el qué dirán, pero para nosotros aquél fue el mejor verano de la historia, acampada de una noche en el río incluida.
Después los portaleros trasladamos la peña al lado de la Plaza, donde Isa y Cavero nos prestaron esa cochera de ahí atrás cuando aún era solo una cuadra, pero eso sí, nada de antro como la anterior. Esta era enorme y teníamos hasta corral, y muy bien situada, sobre todo para San Juan. Imaginaos, al lado del meollo. Ahí pasamos los San Juanes de nuestra adolescencia. Por cierto, agradecer a mis tíos Espe y Matías por darme cobijo cuando venía en esas ocasiones sin mis padres. Como decía, esos San Juanes son de los que mejor recuerdo guardo: subir al escenario con Jesús Lorenzo a destrozar canciones de Rafaela Carrá, meternos todos los portaleros a la vez al hinchable del aro de fuego que no sé ni cómo no lo reventamos... esos días eran tan la leche, que ni un esguince podía estropeártelos, y hablo por experiencia: vendaje fuerte (menos mal que no dejé a la médica de Viti que me escayolara hasta la rodilla como pretendía), anestesia de combinado comprada donde Tito y a bailar como si nada (saltos de Bisbal incluidos).
Supongo que a vosotros os pasará lo mismo, que en resumen, para mí Bogajo es sinónimo de DISFRUTAR. Joaquín Sabina se equivocó cuando dijo en la canción “Peces de ciudad” aquello de “que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. De hecho, volver a Bogajo es reencontrarte con la familia y los amigos, esas personas que aunque haga meses o incluso años que no ves o que ni siquiera hayas hablado con ellos, cuando te reencuentras es como si no hubiera pasado el tiempo, que siempre están y estarán ahí. Los que sin esperártelo te montan una despedida de soltero inolvidable, y acabas cumpliendo con la tradición de tirar del carro por todo el pueblo. Y sólo espero que esto tan bonito que he vivido yo desde pequeño y que ha generado esta relación tan especial, lo repitan mis hijos y dentro de 30 o 40 años y puedan decir esto mismo que acabo de relatar yo: que es imposible elegir el mejor recuerdo que tengo de Bogajo, porque son muchos, y todos tan fantásticos...
Bueno, y ahora que ya os he contado mis vivencias, digo yo que os preguntaréis: ¿y éste jirolo que ha hecho para merecer ser pregonero? Seguro que hay gente que se lo merece mucho más, porque el pueblo a mí me ha dado mucho, pero al contrario, contribuir yo como tal en Bogajo, aparte de ayudar al Bibi con otros cuantos niños del pueblo a poner las porterías y canastas en el primer polideportivo que hubo al lado de las nuevas escuelas (cuando todavía era de hierba y en cuesta), pues aparte de eso... creo que como dice Sabina en esa misma canción que mencionaba antes: el pecado, una página web.
Los que sois más o menos de mi quinta o más mayores seguramente la conoceréis, porque en su día cuando la creé, allá por el año 2001, fue algo muy comentado. Los más jóvenes no se lo podrán ni imaginar, pero por aquel entonces internet no se parecía a lo que es ahora: ni siquiera existía Google. Y ya no os digo las redes sociales, que lógicamente tampoco. Ahora lo difícil es no estar conectado las 24 horas del día a lo que te interesa, pero entonces no había facebook, ni twitter, ni instagram, ni youtube, ni whatsapp, ni Tik tok ni demás inventos que nos ha traído la evolución tecnológica. Por no haber, aún existía ni la wikipedia. Es más, lo habitual era no disponer de conexión a internet en casa e ir a cibercafé a conectarte. Y por ello, si no estabas en Bogajo más que en vacaciones, como era mi caso, durante el resto del año solo podías saber algo del pueblo o su gente si llamabas por teléfono o te escribías (por carta, de las de papel, con sobre y sello). O con suerte, por SMS si eras de los pocos privilegiados en tener móvil, con aquellos primeros ladrillos que hubo de Alcatel o Nokia, y que aún no servían para navegar (vamos, ni para hacer fotos). Los de la generación Z no os lo creeréis, pero entonces el que más presumía era el que tenía el móvil más pequeño. ¡Cómo cambian las cosas, eh!
Y os preguntaréis, ¿cómo surgió entonces lo de crear la web del pueblo? Pues casi de casualidad: yo estaba en el instituto, y en la asignatura de informática una profesora nos propuso como trabajo a cada alumno elegir un tema para dar contenido a un portal virtual de lo más sencillito en el que practicar un poco la inserción de textos y fotografías y trastear con el diseño web, que como he dicho, entonces era algo bastante innovador. Yo lo tuve claro desde el principio, después de todo lo que he comentado anteriormente no podía haber duda: ese tema sería mi pueblo, Bogajo.
Al principio prácticamente no disponía de material con el que poder llevar a cabo esa labor, ya que en internet no había información sobre el pueblo, así que comencé con lo único que tenía a mano: revisando los álbumes de fotos que había por casa y escaneando alguna que otra fotografía que encontré en la que se veía la Plaza o el río a su paso por la aceña o el puente, y las coloqué en la portada de la página junto a una breve descripción del municipio. Y así fue como una vez terminada esa sencillísima página web que nacía como un trabajo de clase, decidí publicarla en internet para que el resto de gente con tanto apego por Bogajo como yo, y sobre todo la que no tenía la suerte de vivir aquí, pudiera sentir Bogajo un poco más cerca, aunque fuera a golpe de ratón. De esta forma tan modesta y humilde fue como nació "El portal multimedia de Bogajo", por aquel entonces y durante algunos años la que fue la única publicación existente en internet dedicada a nuestro pueblo.
Como lo de trastear con el ordenador me gustaba, como hobby me dediqué a ir ampliando el contenido de la web: en mis siguientes visitas al pueblo fui realizando fotografías de los lugares más emblemáticos, como el ayuntamiento, la iglesia, el álamo, la ermita, el caño, la estación, la Peña del Pico... Poco a poco, con las fotos que yo iba sacando, revelando y escaneando (ya que todavía no había cámaras digitales), junto con todos los datos que iba reuniendo de boca de mi padre, mis abuelos y mis tíos y primos, añadí contenidos a la página hasta convertirla en una publicación que ya se podía considerar más o menos decente.
La web tenía cada vez más visitas, y empecé a recibir emails de los usuarios que la habían ido descubriendo, donde muchos de ellos incluían más material para que lo publicara. Desde aquí les agradezco a todos enormemente su colaboración, y quiero mencionar a unas cuantas personas que en esos comienzos contribuyeron especialmente a la mejora la de página: primeramente a mi amigo Jon Beltrán, porque al inicio es desde su casa desde donde la actualizaba (a partir de las 6 de la tarde, que es cuando no era caro conectarse a internet, y dejando sin teléfono a su familia). También a mi tío Juanjo, a Emilio Moreno Notario y por supuesto a vosotros portaleros, por proporcionarme muchos datos y pasarme (o acompañarme a sacar) muchas fotos. Y en particular a David Martínez Notario, que en 2002 facilitó el acceso a la web creando la dirección bogajo.tk; al igual que a Jordi Beltrán Román, que en 2004 adquirió el dominio bogajo.com y posteriormente el dominio bogajo.es, los cuales ha ayudado a mantener económicamente desde entonces. Además, ambos cedieron desinteresadamente sus servidores personales para alojar la página en distintos periodos hasta el año 2013.
Como decía anteriormente, entonces no existían las redes sociales, y la integración en la página de un libro de visitas y un chat supusieron la primera forma de comunicación directa con la que podían interaccionar sus visitantes. Y no puedo expresar la gran satisfacción que sentí cuando empezaron a contactar a través de ella usuarios de los lugares más recónditos del mundo, muchos de ellos que ni siquiera habían visto nunca el pueblo y que sólo lo conocían de oídas por las historias que les contaban sus familiares, ya que eran descendientes de emigrantes que 2 ó 3 generaciones antes habían partido de Bogajo, generalmente hacia Sudamérica. La sensación que me produjeron sus palabras de agradecimiento al haber podido ver por fin imágenes del lugar del que tanto habían oído hablar no tiene precio, y es la mejor recompensa que uno podía recibir al tiempo invertido en la web, que siempre ha sido con ese propósito: como afición y mera satisfacción personal.
Desde aquí quiero reconocer mi más sincero agradecimiento, de verdad, a todas las personas que durante los 24 años que lleva publicada la página, ha colaborado en su mejora, ya sea simplemente visitándola o también enviando información para ampliarla. Y a pesar de que progresivamente ha ido aumentado en contenidos y calidad, quizás lo ha hecho a la vez que se ha ido quedando en parte obsoleta debido a las nuevas formas de comunicación que comentaba anteriormente, y el cada vez menos tiempo del que dispongo para dedicarle (ya se sabe, la vida avanza, y uno se ha casado, ha tenido hijos, y aunque sigo en la cresta de la ola, las prioridades cambian y cada vez se tiene menos tiempo libre para aficiones personales). Solo puedo decir que seguiré intentando mantenerla actualizada en la medida de lo posible, para que siga siendo interesante para sus visitantes. Al fin y al cabo, sois vosotros, los usuarios que visitáis la web, los que la dais valor, y sin vosotros ésta no tendría sentido. Por ello, de corazón, muchas gracias a todos.
Siempre me he considerado bogajense de adopción, y el día que Javi me propuso ser pregonero no dudé ni un momento en aceptar este honor. Además, ello ha propiciado que nos volvamos a juntar prácticamente todos los portaleros, como no ocurría desde hace mucho tiempo. Así que solo puedo agradecer al alcalde y concejales por elegirme para tan importante papel, del que como he dicho me siento muy honrado. Y también agradecerles por el excelente trabajo que han llevado a cabo desde que están en el cargo, y por haber recuperado las fiestas a lo grande: los San Juanes con toros, las Madrinas, las procesiones a la Ermita, la Feria de las Tradiciones... como reconocimiento a esta labor, desde aquí pido un merecido aplauso para ellos.
Y ya para ir terminando, como no sé si me volveré a ver en otra como ésta de poder dedicar públicamente un discurso, quiero aprovechar la ocasión para dedicar este pregón a mis abuelos Máximo y Luisa, a mi mujer Estibaliz, a mis hijos Ángel, Alba y Lucía, a mis padres José Mari y Pili, a mi hermana Esther, a todos mis tíos y primos y a mis colegas portaleros (particularmente a Espe y Paula, en estos duros momentos que les ha tocado sufrir recientemente). Y con especial recuerdo para los que deberían estar aquí pero ya no están con nosotros: Juanjo, Luis, Manolito, Marta, David... no se os olvida.
Y ya acabo, esta vez de verdad que tendréis hambre, en nombre de la corporación municipal que ha organizado estos festejos y en el mío propio, muchas gracias por venir, y a pasarlo bomba estos días.
¡VIVA SAN JUAN! ¡Y VIVA BOGAJO!
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